Una(s) de tantas otras focalizaciones de lo mismo

domingo, 23 de junio de 2013

Deber.-

Caigo todos los días


Caigo periódicamente



Caigo

y mientras lo hago
miro hacia el cielo,
las nubes,
las formas.
Me distraigo
con cada pájaro
que se atraviesa en mi camino
y el Sol me saluda desde el horizonte

Me distraigo

pero
mi
espalda
se
crispa.


¿por qué ha de existir siempre un suelo?

El cielo se pobla
de nubes grises
sin forma ni candor.
Todo lo contrario,
en ellas
el Sol se oculta
mientras se acelera
mi aceleración
y se incrementa
la lejanía
de las aves
o de cualquier diversión.

Mi espalda se crispa,
el suelo se acerca.
Ya no me puedo evadir más,
me doy vuelta.

Los códigos
que desde lo alto se verían tan claros
se vuelven casi indistinguibles
en la agitación de la cercanía

Me acometo a descifrarlos
en frenética desesperación.
Las piezas no calzan,
se me pierde el instructivo
se me cae el lápiz,
se me escapan
los segundos
los minutos
las horas


Hasta que lo logro
(a veces no)
retrocede el suelo
se despeja el cielo
se reanuda el reloj
pero caigo de nuevo

como todos los días

caigo periódicamente
¿Tú no?
-algunos se destrozan en el suelo-

Yo desearía
que esta caída durara por siempre,
o que fuese más bien como un vuelo
despejado
en el que cayera desde el cielo
al cielo
eternamente

Pero siempre
el código
construye
un suelo
tan
concreto.
Un arriba
y un abajo

Los humanos y sus códigos.

Instituciones que aferran y castigan
nos obligan a proceder
de tal o cual manera
en determinado tiempo.
Y se nos escapa la vida
como el arena
en el reloj.

Pero "así funciona la vida"
así funciona el sistema
empujándote siempre
en un sentido:

empujándote siempre
a lo que no quieres hacer