"¿A quién se debiera remitir el arte? Y, además, ¿Qué es lo que concebimos como arte? Querida, ¿tienes acaso la respuesta? Tú solías abrir mis horizontes con una mirada, rescatada en mi silencio; tan embriagadora por perversa y a la vez, angelical. ¿Es eso lo que tú concibes? Permíteme indagar, si es que aún disponemos de tiempo, ya que aún no estoy listo para rogar por las respuestas.
¿Acaso fui expuesto ante una ráfaga constante que, en algún momento, me cogió exquisitamente entre sus dedos? Y es que cada vez que hago mi llamado, te apareces con esa verdad, aquella verdad más radiante que ninguna otra. Yo no haré de esta devoción un oficio. El mundo jamás se cansa de correr, en círculos, vacilante. ¿Nos queda tiempo aún, amor mío? ¿Habrá sido tu luz capaz de retener a mi vulgar locura? Invade este lugar para beber de tu dulce áurea. Juro que tomaré asiento y capturaré el pulso. ¡Lo necesito! ¡Oh sí! Tan miserable es el mundo de los hombres. ¿Qué crees? La belleza no es un ideal que puedes pudrir con tus dudas. No es el resultado de una maquinación lúgubre. Y hasta en la sombra se reproduce con más fuerza que cualquier intento de llegar a ella. ¿Deseas seguir escribiendo?
¡Ven! Aparece, muy pronto, en un soberbio salto a escena cual gorrión exiliado de las pasarelas inhóspitas. Tan piadosamente como el invierno se precipita a mis ojos. Ven al compás del mito, es decir: no abundes en aquellas brisas embusteras que acarician el desdén. Querida, es debajo de las grietas donde nuestro vergel extiende sus raíces. Y si poseer la autoría de mis perversiones no es protagonismo suficiente, reclama entonces, en tu excepcional y añorada desnudez, la asunción. Acepta este silencio. Arrímate a mis piernas con tu mueca más umbría, y divisa, en la coalición de los delirios, la breve sintonía del amor benigno. Abandónalo, apuñala y subyuga; cada vez que camines por la ciudad y te preguntes. ¿He de desmantelar un día de estos la magnánima idiotez a la que he sido expuesta, sin aviso previo ni fijación de horario? Cuando pasees por las alamedas desatrofiando la expresión de las hojas, repudiando a cada uno de los idiotas recurrentes. Cuando sientas miedo y desolación. Pero cuando llegue el momento de evanescer en mis brazos tu vieja coartada, exijo que te desates como un fabuloso relámpago purpúreo que se consagre en mi piel."
Una(s) de tantas otras focalizaciones de lo mismo
domingo, 7 de julio de 2013
domingo, 23 de junio de 2013
Deber.-
Caigo todos los días
Caigo periódicamente
Caigo
y mientras lo hago
miro hacia el cielo,
las nubes,
las formas.
Me distraigo
con cada pájaro
que se atraviesa en mi camino
y el Sol me saluda desde el horizonte
Me distraigo
pero
mi
espalda
se
crispa.
¿por qué ha de existir siempre un suelo?
El cielo se pobla
de nubes grises
sin forma ni candor.
Todo lo contrario,
en ellas
el Sol se oculta
mientras se acelera
mi aceleración
y se incrementa
la lejanía
de las aves
o de cualquier diversión.
Mi espalda se crispa,
el suelo se acerca.
Ya no me puedo evadir más,
me doy vuelta.
Los códigos
que desde lo alto se verían tan claros
se vuelven casi indistinguibles
en la agitación de la cercanía
Me acometo a descifrarlos
en frenética desesperación.
Las piezas no calzan,
se me pierde el instructivo
se me cae el lápiz,
se me escapan
los segundos
los minutos
las horas
Hasta que lo logro
(a veces no)
retrocede el suelo
se despeja el cielo
se reanuda el reloj
pero caigo de nuevo
como todos los días
caigo periódicamente
¿Tú no?
-algunos se destrozan en el suelo-
Yo desearía
que esta caída durara por siempre,
o que fuese más bien como un vuelo
despejado
en el que cayera desde el cielo
al cielo
eternamente
Pero siempre
el código
construye
un suelo
tan
concreto.
Un arriba
y un abajo
Los humanos y sus códigos.
Instituciones que aferran y castigan
nos obligan a proceder
de tal o cual manera
en determinado tiempo.
Y se nos escapa la vida
como el arena
en el reloj.
Pero "así funciona la vida"
así funciona el sistema
empujándote siempre
en un sentido:
empujándote siempre
a lo que no quieres hacer
Caigo periódicamente
Caigo
y mientras lo hago
miro hacia el cielo,
las nubes,
las formas.
Me distraigo
con cada pájaro
que se atraviesa en mi camino
y el Sol me saluda desde el horizonte
Me distraigo
pero
mi
espalda
se
crispa.
¿por qué ha de existir siempre un suelo?
El cielo se pobla
de nubes grises
sin forma ni candor.
Todo lo contrario,
en ellas
el Sol se oculta
mientras se acelera
mi aceleración
y se incrementa
la lejanía
de las aves
o de cualquier diversión.
Mi espalda se crispa,
el suelo se acerca.
Ya no me puedo evadir más,
me doy vuelta.
Los códigos
que desde lo alto se verían tan claros
se vuelven casi indistinguibles
en la agitación de la cercanía
Me acometo a descifrarlos
en frenética desesperación.
Las piezas no calzan,
se me pierde el instructivo
se me cae el lápiz,
se me escapan
los segundos
los minutos
las horas
Hasta que lo logro
(a veces no)
retrocede el suelo
se despeja el cielo
se reanuda el reloj
pero caigo de nuevo
como todos los días
caigo periódicamente
¿Tú no?
-algunos se destrozan en el suelo-
Yo desearía
que esta caída durara por siempre,
o que fuese más bien como un vuelo
despejado
en el que cayera desde el cielo
al cielo
eternamente
Pero siempre
el código
construye
un suelo
tan
concreto.
Un arriba
y un abajo
Los humanos y sus códigos.
Instituciones que aferran y castigan
nos obligan a proceder
de tal o cual manera
en determinado tiempo.
Y se nos escapa la vida
como el arena
en el reloj.
Pero "así funciona la vida"
así funciona el sistema
empujándote siempre
en un sentido:
empujándote siempre
a lo que no quieres hacer
miércoles, 22 de mayo de 2013
Destilado.-
De entre los hirsutos bosques de maleza y enredadera,
una tímida rosa pugna por brotar.
Ella las palabras ya no las conoce,
y su tallo crece en un errático espiral.
Como un niño sin papá
intentando caminar,
o como alguno de aquellos ilusos
que buscan la piedra filosofal,
ella vaga, sin amor ni lugar.
Y la profundidad es tan amplia y oscura que las palabras son como flores marchitas.
Y la expresión resulta un llanto reprimido y confundido, una cara de rígida estatua.
Un cúmulo de carcajadas y locuras explosivas y encarceladas.
Un cúmulo de libertad amarga.
La lluvia cae y la rigidez se humedece, las bajezas se desempolvan y los ojos se lubrican. A la mañana todo se muestra mas claro. El suelo está lleno de lodo.
El lodo ha caído de nuestros cuerpos.
Nuestros cuerpos quedan desnudos.
¿Habremos de embadurnarlo otra vez?
Entregaré la piel al frío.
Que del rocío matutino brotan las plantas.
La rosa se retuerce
como en espasmos exorcizados.
Se vuelve roja
y amarilla.
Luego empalidece,
y al fin se torna azul.
Bien, al llanto lo he cubierto con pañuelos,
al hambre la he alimentado con aire,
a la imaginación la he nublado en volutas,
y a la acción la he convertido en palabras.
Tal vez, sólo deba dejarme caer,
hasta desenredarme en el suelo
o evaporarme hacia el cielo.
Derramar el líquido
para olerlo
sentirlo
tocarlo
y seguir su efervescente camino,
como el efervescente flamenco.
Gracias :)
una tímida rosa pugna por brotar.
Ella las palabras ya no las conoce,
y su tallo crece en un errático espiral.
Como un niño sin papá
intentando caminar,
o como alguno de aquellos ilusos
que buscan la piedra filosofal,
ella vaga, sin amor ni lugar.
Y la profundidad es tan amplia y oscura que las palabras son como flores marchitas.
Y la expresión resulta un llanto reprimido y confundido, una cara de rígida estatua.
Un cúmulo de carcajadas y locuras explosivas y encarceladas.
Un cúmulo de libertad amarga.
La lluvia cae y la rigidez se humedece, las bajezas se desempolvan y los ojos se lubrican. A la mañana todo se muestra mas claro. El suelo está lleno de lodo.
El lodo ha caído de nuestros cuerpos.
Nuestros cuerpos quedan desnudos.
¿Habremos de embadurnarlo otra vez?
Entregaré la piel al frío.
Que del rocío matutino brotan las plantas.
La rosa se retuerce
como en espasmos exorcizados.
Se vuelve roja
y amarilla.
Luego empalidece,
y al fin se torna azul.
Bien, al llanto lo he cubierto con pañuelos,
al hambre la he alimentado con aire,
a la imaginación la he nublado en volutas,
y a la acción la he convertido en palabras.
Tal vez, sólo deba dejarme caer,
hasta desenredarme en el suelo
o evaporarme hacia el cielo.
Derramar el líquido
para olerlo
sentirlo
tocarlo
y seguir su efervescente camino,
como el efervescente flamenco.
Gracias :)
miércoles, 24 de abril de 2013
divagaciones
I-Yo simplemente me pregunto cuántas ideas habrán quedado tan sólo en eso, en ideas, y lo comparo con el horror de un aborto, de un alma que no pudo existir, de un árbol que nunca pudo jugar con la creación de su propia forma, ni nunca entregar sus frutos a la tierra. Ideas perdidas. Ideas sin tiempo ni espacio. Sin siquiera la capacidad de flotar eternamente -pero flotar-.
Cuánto nos cuesta como humanos materializar las cosas. Al parecer somos malos artesanos... quizás es algo que se deba a la cultura que nos cría tan cómodos. Tan perjudicial, porque, si la vida es constante construcción, ¿qué estamos haciendo?.
Ideas. Ideas. Fantasías. Pérdida de oportunidades. No sé qué hacemos, somos malos forjadores de la realidad, puesto que lo que alcanzamos a materializar no es más que la punta del iceberg de lo que pudo ser.
Por ello todo artista (los que realmente lo son) es tan respetable. Crear, transgredir límites, es toda una hazaña, es la independencia, la realización.
Nunca ha habido nada de qué tener miedo.
II- No hay cosa que nos guste más que sentir placer sin siquiera dar las gracias. Y peor aún que eso, exigirlo. Como si fuese nuestro derecho tener/sentir más. ¿Cómo no entender que toda aquella migaja que saboreemos es un regalo?. ¡Cuánta ingratitud, egoísmo y egocentrismo!.
Y resulta que no es sólo eso, sino que además la construcción del presente se desvanece entre la búsqueda de placeres efímeros, pasajeros. ¿Dónde la entrega?, ¿dónde el esfuerzo?, ¿y para qué la consciencia?. A ese ritmo nos volveremos seres del momento sin tiempo. Entendimos mal cuando nos dijeron que abrazáramos el día, puesto que, por el contrario, lo estamos dejando ir, y dejándolo ir nos encontraremos en un futuro hostil.
La vida es cíclica, el esfuerzo de hoy son los frutos que nos alimentarán mañana. No podemos romper ese ciclo, romperlo es caer en la desgracia. La gracia de vivir el día es sentirlo en todos los aspectos, es apreciar, es tomar consciencia, no perderla. No perderla. En especial en estos días en que hay tanto que construir.
Cuánto nos cuesta como humanos materializar las cosas. Al parecer somos malos artesanos... quizás es algo que se deba a la cultura que nos cría tan cómodos. Tan perjudicial, porque, si la vida es constante construcción, ¿qué estamos haciendo?.
Ideas. Ideas. Fantasías. Pérdida de oportunidades. No sé qué hacemos, somos malos forjadores de la realidad, puesto que lo que alcanzamos a materializar no es más que la punta del iceberg de lo que pudo ser.
Por ello todo artista (los que realmente lo son) es tan respetable. Crear, transgredir límites, es toda una hazaña, es la independencia, la realización.
Nunca ha habido nada de qué tener miedo.
II- No hay cosa que nos guste más que sentir placer sin siquiera dar las gracias. Y peor aún que eso, exigirlo. Como si fuese nuestro derecho tener/sentir más. ¿Cómo no entender que toda aquella migaja que saboreemos es un regalo?. ¡Cuánta ingratitud, egoísmo y egocentrismo!.
Y resulta que no es sólo eso, sino que además la construcción del presente se desvanece entre la búsqueda de placeres efímeros, pasajeros. ¿Dónde la entrega?, ¿dónde el esfuerzo?, ¿y para qué la consciencia?. A ese ritmo nos volveremos seres del momento sin tiempo. Entendimos mal cuando nos dijeron que abrazáramos el día, puesto que, por el contrario, lo estamos dejando ir, y dejándolo ir nos encontraremos en un futuro hostil.
La vida es cíclica, el esfuerzo de hoy son los frutos que nos alimentarán mañana. No podemos romper ese ciclo, romperlo es caer en la desgracia. La gracia de vivir el día es sentirlo en todos los aspectos, es apreciar, es tomar consciencia, no perderla. No perderla. En especial en estos días en que hay tanto que construir.
viernes, 12 de abril de 2013
Soledad de madrugada.
Mi soledad es difícil de explicar. Con tan sólo decir que me cuesta en demasía el salirme de mi espíritu cínico para contarla, se entiende que con esa desnudez yo simplemente me desvanecería. Con todo, me dedicaré a contarla, si es que las palabras me dan el favor de conjugarse en correlato fiadero.
Me pregunto yo como irá a ser mi muerte. A veces me imagino historias propias de la literatura novelística en las que me veo auto-asesinado por una conciencia en desvariado despiste, - no suicidado, pues es mi inconsciente el que me lleva a cruzar la calle aún a sabiendas de que se acerca un auto a peligrosa velocidad - , y muerto como por obra de una voluntad lúcida sobre el fin de su tarea en la tierra.
Me imagino que simplemente ya no hay nada más que ser, ni hacer, por lo tanto la partida se hace inevitable. Adiós mundo, adiós atardeceres, y colores del ocaso. Yo me voy. Anocheceres y noches de tenue luz y eterno viaje estelar, vosotras habéis acabado de hace tiempo. En mi recuerdo las imágenes de suave piel y cabellos en cadencioso movimiento ya cada vez van haciéndose más borrosas, como un llanto difuso y lejano, en el que se confunden las viejas realizaciones de la eternidad con una pena de pobre desposeído.
Y ahora, que está todo, menos tú, yo siento un enorme abismo a mi lado, en mi cama, y en mi cuerpo. Por las calles mendigo abrazos de una calidad digna de los protocolos temerosos de la comunicación. Y aparecen las canciones, las evocaciones, las ausencias y los recuerdos; y un vacío que se expande como el apetito de un agujero negro, como el mismo que en su momento nos hizo tragarnos el uno al otro bajo el ritmo del son ritualista.
Por las calles camino solo y ahora en las placitas tenuemente iluminadas por el color lúcuma de la ciudad, me tengo que leer yo solo. A veces los focos de las luces en la noche me absorben y raptan, en un caminar que parece más bien el levitar de un espíritu anciano y agotado. Aún así, me sigo consolando con las estrellas que alguna vez vi contigo, preguntándoles cuál será mi nuevo camino, preguntándoles si acaso existe uno, o si acaso todo esto ha sido en vano. Siguen sin darme respuesta. Pero aún así me animan. Su orden, su titilar celestial, su suspensión entretejida por el amo de las cosas y las energías, me dicen que hay algo. Algo quizás de lo cual soy inútil e insignificante. Nada. Aún así, luego de estos fulgentes y efímeros escapes, vuelvo a realidades más mundanas y entrañables, y me siento maltrecho, como si hubiese caído desde distancias siderales a un suelo duro como la realidad.
En mi vida me he puesto a practicar el más grande estoicismo. Ni modo. De todas formas, no puedo decir que no me guste. Me gusta aquello que encuentro, y me empieza a gustar el observar mientras todos bailan. No me importa la marginalidad, yo sigo manteniendo mi capacidad de reír, aunque el reír remarque diferencia y extranjería. Loco, absolutamente loco; enajenado por la soledad, exprimido por la necesidad afectiva, drenado cualquier vestigio de caricia hasta la sequía, mi cuerpo se mueve en concienzudos movimientos, mi mirada se fija en seria expresión. Me escondo en la caverna. Me escondo en la caverna. Me escondo en la caverna, y me libero en los sueños. Alcanzo las estrellas y revivo a los muertos, los revivo e inauguro un nuevo día de nostalgia que comienza con un reloj sonando en un gélido amanecer a las siete de la mañana.
Me pregunto yo como irá a ser mi muerte. A veces me imagino historias propias de la literatura novelística en las que me veo auto-asesinado por una conciencia en desvariado despiste, - no suicidado, pues es mi inconsciente el que me lleva a cruzar la calle aún a sabiendas de que se acerca un auto a peligrosa velocidad - , y muerto como por obra de una voluntad lúcida sobre el fin de su tarea en la tierra.
Me imagino que simplemente ya no hay nada más que ser, ni hacer, por lo tanto la partida se hace inevitable. Adiós mundo, adiós atardeceres, y colores del ocaso. Yo me voy. Anocheceres y noches de tenue luz y eterno viaje estelar, vosotras habéis acabado de hace tiempo. En mi recuerdo las imágenes de suave piel y cabellos en cadencioso movimiento ya cada vez van haciéndose más borrosas, como un llanto difuso y lejano, en el que se confunden las viejas realizaciones de la eternidad con una pena de pobre desposeído.
Y ahora, que está todo, menos tú, yo siento un enorme abismo a mi lado, en mi cama, y en mi cuerpo. Por las calles mendigo abrazos de una calidad digna de los protocolos temerosos de la comunicación. Y aparecen las canciones, las evocaciones, las ausencias y los recuerdos; y un vacío que se expande como el apetito de un agujero negro, como el mismo que en su momento nos hizo tragarnos el uno al otro bajo el ritmo del son ritualista.
Por las calles camino solo y ahora en las placitas tenuemente iluminadas por el color lúcuma de la ciudad, me tengo que leer yo solo. A veces los focos de las luces en la noche me absorben y raptan, en un caminar que parece más bien el levitar de un espíritu anciano y agotado. Aún así, me sigo consolando con las estrellas que alguna vez vi contigo, preguntándoles cuál será mi nuevo camino, preguntándoles si acaso existe uno, o si acaso todo esto ha sido en vano. Siguen sin darme respuesta. Pero aún así me animan. Su orden, su titilar celestial, su suspensión entretejida por el amo de las cosas y las energías, me dicen que hay algo. Algo quizás de lo cual soy inútil e insignificante. Nada. Aún así, luego de estos fulgentes y efímeros escapes, vuelvo a realidades más mundanas y entrañables, y me siento maltrecho, como si hubiese caído desde distancias siderales a un suelo duro como la realidad.
En mi vida me he puesto a practicar el más grande estoicismo. Ni modo. De todas formas, no puedo decir que no me guste. Me gusta aquello que encuentro, y me empieza a gustar el observar mientras todos bailan. No me importa la marginalidad, yo sigo manteniendo mi capacidad de reír, aunque el reír remarque diferencia y extranjería. Loco, absolutamente loco; enajenado por la soledad, exprimido por la necesidad afectiva, drenado cualquier vestigio de caricia hasta la sequía, mi cuerpo se mueve en concienzudos movimientos, mi mirada se fija en seria expresión. Me escondo en la caverna. Me escondo en la caverna. Me escondo en la caverna, y me libero en los sueños. Alcanzo las estrellas y revivo a los muertos, los revivo e inauguro un nuevo día de nostalgia que comienza con un reloj sonando en un gélido amanecer a las siete de la mañana.
jueves, 14 de marzo de 2013
.-
No quiero decir mucho. Juro que no quiero decir mucho, pues cuando del tronco del árbol paso a intentar explicar cada una de sus raíces, me pierdo en el caos mismo que me ha traído a escribir ésto. ¿He de lograr no-perderme tan sólo alguna vez?.
La cosa es simple, y tengo que aclarar que tengo consciencia de estar haciéndola sólo desde la pobre subjetividad humana, cárcel de ignorancia de la cual jamás he de salir. Pido a mis lectores que tengan la misma consciencia.
Bueno, pues, la cosa es simple: si la belleza hubiera de ser eterna, nosotros la odiaríamos. Tal es nuestra tendencia a la inestabilidad, el desorden y el caos. Al continuo ir y venir del reloj, el tic-tac del tiempo. ¿Alguno de ustedes podría vivir fuera del tiempo?.
Imagínense a la belleza retumbando sobre ustedes durante cada minuto, segundo, y mili segundo de sus existencias. Al principio se conmoverían. Viajarían por cada una de sus fantasías más sublimes, hechas completa realidad, y esto les produciría una suerte de catarsis, pues lo ideal, lo imposible, lo que nunca creyeron realizable, aparecería frente a ustedes con tangible realidad. Llegarían a no creer ni lo que ven ni lo que tocan, ni lo que escuchan ni huelen; y lágrimas de una dicha que supera la razón se derramarían por vuestros rostros.
Sólo por una vez, verían sus más grandes anhelos logrados, sólo por una vez tocarían las figuras exquisitas a las cuales sus manos alguna vez decidieron resignarse por imposibles. Sólo una vez, nadarían por nubes violetas, rosadas, doradas, y de todos los colores del arco iris celestial, dejándose acariciar por sus amables texturas. Sólo una vez... ¿sólo una vez? ¿y por qué, si supuestamente han de ser eternas?
Pues porque después de la primera hora, con suerte, ya estaríais aburridos, ya sus extasiados sentidos querrían volver a la cómoda armazón de lo triste, de lo horrible. Ya sus lágrimas de goce se transformarían en lágrimas de angustia, pues se sentirían caer por un espiral de perfección que los atrapa. ¿Dónde está lo feo, dónde algo diferente?.
Si no me creen, si piensan que soy un exagerado, no hagan más que el siguiente ejercicio: Tomen una selecta colección de su música preferida, aquella que consideren más hermosa, más sublime, más materialmente inefable, y siéntense a escucharla repetidamente, una y otra vez.
Ya verán que las causas de su actuar, la lucha por un bien, el esfuerzo por ser mejor, no son más que una excusa para justificar el vivir. Aquello que consideren como valor primordial caerá de su altísimo pedestal y se estrellara contra el suelo del sinsentido, pues su valor no se deriva más que de su naturaleza inmaterial, de que nunca se alcanzará, y tan sólo por eso lo eleváis. Si sólo un día pudieran verlo hecho realidad, renunciarían a alabarlo de tal forma.
Los sueños no serían más que realidad sin su naturaleza evanescente.
La cosa es simple, y tengo que aclarar que tengo consciencia de estar haciéndola sólo desde la pobre subjetividad humana, cárcel de ignorancia de la cual jamás he de salir. Pido a mis lectores que tengan la misma consciencia.
Bueno, pues, la cosa es simple: si la belleza hubiera de ser eterna, nosotros la odiaríamos. Tal es nuestra tendencia a la inestabilidad, el desorden y el caos. Al continuo ir y venir del reloj, el tic-tac del tiempo. ¿Alguno de ustedes podría vivir fuera del tiempo?.
Imagínense a la belleza retumbando sobre ustedes durante cada minuto, segundo, y mili segundo de sus existencias. Al principio se conmoverían. Viajarían por cada una de sus fantasías más sublimes, hechas completa realidad, y esto les produciría una suerte de catarsis, pues lo ideal, lo imposible, lo que nunca creyeron realizable, aparecería frente a ustedes con tangible realidad. Llegarían a no creer ni lo que ven ni lo que tocan, ni lo que escuchan ni huelen; y lágrimas de una dicha que supera la razón se derramarían por vuestros rostros.
Sólo por una vez, verían sus más grandes anhelos logrados, sólo por una vez tocarían las figuras exquisitas a las cuales sus manos alguna vez decidieron resignarse por imposibles. Sólo una vez, nadarían por nubes violetas, rosadas, doradas, y de todos los colores del arco iris celestial, dejándose acariciar por sus amables texturas. Sólo una vez... ¿sólo una vez? ¿y por qué, si supuestamente han de ser eternas?
Pues porque después de la primera hora, con suerte, ya estaríais aburridos, ya sus extasiados sentidos querrían volver a la cómoda armazón de lo triste, de lo horrible. Ya sus lágrimas de goce se transformarían en lágrimas de angustia, pues se sentirían caer por un espiral de perfección que los atrapa. ¿Dónde está lo feo, dónde algo diferente?.
Si no me creen, si piensan que soy un exagerado, no hagan más que el siguiente ejercicio: Tomen una selecta colección de su música preferida, aquella que consideren más hermosa, más sublime, más materialmente inefable, y siéntense a escucharla repetidamente, una y otra vez.
Ya verán que las causas de su actuar, la lucha por un bien, el esfuerzo por ser mejor, no son más que una excusa para justificar el vivir. Aquello que consideren como valor primordial caerá de su altísimo pedestal y se estrellara contra el suelo del sinsentido, pues su valor no se deriva más que de su naturaleza inmaterial, de que nunca se alcanzará, y tan sólo por eso lo eleváis. Si sólo un día pudieran verlo hecho realidad, renunciarían a alabarlo de tal forma.
Los sueños no serían más que realidad sin su naturaleza evanescente.
domingo, 17 de febrero de 2013
Las Venas del Mundo.-
Hoy dí un viaje
por las venas del mundo.
Las miré,
las besé,
y me embriagué.
Ellas me trascendieron
con su luz contemplativa.
Luz azul.
Yo me embriagué.
Me embriagué con ellas.
Hoy dí un viaje
por las venas del mundo,
o del Espíritu.
Ellas pasaron a través de mí,
y me iluminaron
en cielo de nula aspereza.
Yo simplemente me entregué a ellas
y volé.
Las venas del mundo,
el mensaje de su corazón;
hoy me abrazaron,
me envolvieron,
y me acurrucaron.
Yo,
me entregué.-
por las venas del mundo.
Las miré,
las besé,
y me embriagué.
Ellas me trascendieron
con su luz contemplativa.
Luz azul.
Yo me embriagué.
Me embriagué con ellas.
Hoy dí un viaje
por las venas del mundo,
o del Espíritu.
Ellas pasaron a través de mí,
y me iluminaron
en cielo de nula aspereza.
Yo simplemente me entregué a ellas
y volé.
Las venas del mundo,
el mensaje de su corazón;
hoy me abrazaron,
me envolvieron,
y me acurrucaron.
Yo,
me entregué.-
domingo, 20 de enero de 2013
Fuerza de Atracción
Te imaginas que fuéramos dos mundos intrínsecamente distintos,
y que esta atracción, que siempre hemos sentido
el uno por el otro,
no fuese sino el intento por verterse mutuamente en
una sola
vasija;
La Vasija de la Vida.-
lunes, 7 de enero de 2013
.-
Llega el alba.
Preciso momento en que una pequeña barata llega a la vida.
Eufórica.
Cielo raso, degradé del maestro de maestros en el arte, suspendiéndose en el firmamento.
Una pequeña barata llega a la vida.
Siente el frío, se mueve eufórica.
Escala por una enredadera de espinas, pero no llega a lo alto.
Aparecen ruidos, autos, un mundo de misterios se revela ante ella.
Ella no lo percibe, sólo escala la enredadera, pero no llega a lo alto.
¿Tú llegas a lo alto? ¿Tú percibes el aire matutino?
Al rededor: ruidos, movimiento fugaz y caótico, colores, hermosos y horribles. Materia, dura, blanda, sutil, tosca, quebrada, lisa.
Abajo: gravedad.
Arriba: la inmensidad.
Aquí: la barata dando vueltas en círculos, eufórica. Ella no ve nada.
¿Tú sí?
La barata hace lo que puede en este mundo
¿y tú, lo haces?
En el ocaso llega la muerte.
Cada minuto
es un paso hacia el ocaso.
¿Hacia dónde avanzas?
¿Hacia el abismo, o hacia la inmensidad?
No sea que mañana despiertes siendo barata,
y pierdas esta oportunidad.
No sea que te arrepientas
cuando sea ya muy tarde.
Preciso momento en que una pequeña barata llega a la vida.
Eufórica.
Cielo raso, degradé del maestro de maestros en el arte, suspendiéndose en el firmamento.
Una pequeña barata llega a la vida.
Siente el frío, se mueve eufórica.
Escala por una enredadera de espinas, pero no llega a lo alto.
Aparecen ruidos, autos, un mundo de misterios se revela ante ella.
Ella no lo percibe, sólo escala la enredadera, pero no llega a lo alto.
¿Tú llegas a lo alto? ¿Tú percibes el aire matutino?
Al rededor: ruidos, movimiento fugaz y caótico, colores, hermosos y horribles. Materia, dura, blanda, sutil, tosca, quebrada, lisa.
Abajo: gravedad.
Arriba: la inmensidad.
Aquí: la barata dando vueltas en círculos, eufórica. Ella no ve nada.
¿Tú sí?
La barata hace lo que puede en este mundo
¿y tú, lo haces?
En el ocaso llega la muerte.
Cada minuto
es un paso hacia el ocaso.
¿Hacia dónde avanzas?
¿Hacia el abismo, o hacia la inmensidad?
No sea que mañana despiertes siendo barata,
y pierdas esta oportunidad.
No sea que te arrepientas
cuando sea ya muy tarde.
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