Si estoy condenado a la heterosexualidad, es porque necesito inevitablemente de una mujer que me acurruque todo el dolor que me contengo. No es que sea un tipo que vive sufriendo ni nada por el estilo, es sólo que el trabajo de la vida me trae cada noche agotado a casa, y es justo entonces cuando preciso de alcanzar las estrellas con el encanto de una de ellas.
No soy narcisista, ¿seré un amador empedernido?. Tanto entrego como recibo. Difícil situación la de esta loca dependencia, la magia puede resultar tan magnífica como efímera y la eternidad del amor tan paradójica con su mortalidad. Sin embargo, quizás de eso se trate: de que en el momento que sea, y cuánto sea que dure, lo importante es vivir la atemporalidad de la plenitud... eso no puede ser malo.
No queda más que aceptar la rara naturaleza que toman estos sueños hechos realidad y recordarlos con la dulce nostalgia de haber tocado un poco de cielo. Motivo más que suficiente para abrazar una vez más un nuevo día y seguir el camino de la vida.
Una(s) de tantas otras focalizaciones de lo mismo
domingo, 16 de diciembre de 2012
lunes, 10 de diciembre de 2012
Sórdido.-
- Mami, tengo miedo.-
He caminado por las calles vacías, he escuchado los susurros de las voces ausentes, he presenciado cómo la desesperanza se apodera de las almas marchitas y cómo éstas se hunden en el cráter del peso que día a día recogen.
Como mendigas,
arrastrándose
por migajas de pan,
ahondan
y ahondan en su miseria.
He sentido cómo sus manos se enfrían entre las mías cuando trato de sostenerlas, pero siempre caen; y cada azote de sus cuerpos contra el suelo me demuestra de la forma más horrible la dureza de ésto que estamos viviendo, a lo cual nombramos realidad.
-Tranquila, que todo va a estar bien- te he dicho, pero tus llantos me rompen por dentro, la impotencia me desgarra el alma.
Madre, estoy confundido: ¿Es el hambre de mi bien, o del bien ajeno lo que carcome mis entrañas? ¿Qué es todo esto? ¿Quién soy yo? ¿Existe en la vida alguna respuesta definitiva para esas interrogantes, o es que nunca dejarán de ser más que eso?
En la micro se me cruzan de vez en cuando hombres en cuyos ojos he visto la sentencia de la muerte lenta y agónica: sin reclamos, sin objeciones posibles; su vida se mueve como un tren sobre un riel que llevara directamente al Tártaro. Es por eso que puedo decir que durante mi vida he inhalado polvo, humo y smog, pero nada tan escalofriante como el hálito a alcohol, estupefacientes y dolor acallado que emana de la boca de sus existencias a duras penas existentes.
Me entristece,
me hiere el alma chocar contra esa realidad a la que constantemente me tengo que enfrentar
Las mujeres, lo femenino, la belleza; ¿Qué hacen? ¿Se entregan al transmutado placer que la violencia de sus padres impuso en sus infancias? Sufro viendo cómo cada una de ellas ajusta cada vez más su corsé al modo que el tirano quiere. Sufro viendo cómo la delicadeza de sus cuerpos rememora esa resquebrajada infancia en cada acto sexual, martirizándose, humillándose, ofrendando sus cuerpos a todos los abusos que han sufrido, manteniendo la misma forma, pero cambiando el fondo por una delirante sátira en la que se ríen de su esclavitud, no sin acabar por hacerse más daño que beneficio.
¿Hasta qué punto no me he convertido yo también en un tirano, en un hipócrita?. Madre, estoy confundido, a mi alrededor hay tantas cosas que no sé cómo diferenciar lo que es verdad y lo que es mentira. ¿Existe algo trascendente?. Madre, cobíjame en tus brazos y muéstrame un mundo agradable, en el que no haya esta disonancia, en el que no prime esta confusión. Entrégame tierra fértil en la que pueda incrustar mis raíces, aléjame de este campo baldío, enséñame todas las palabras que describan la belleza y muéstrame el aroma del loto en flor. Quiero esperanzarme y volar, comenzar una construcción antes de resignarme a su imposibilidad, y hacerlo sin la constante certeza de que ésta se desmoronará.
Madre, estoy desamparado en este sórdido mundo. ¿A dónde me viniste a traer?
He caminado por las calles vacías, he escuchado los susurros de las voces ausentes, he presenciado cómo la desesperanza se apodera de las almas marchitas y cómo éstas se hunden en el cráter del peso que día a día recogen.
Como mendigas,
arrastrándose
por migajas de pan,
ahondan
y ahondan en su miseria.
He sentido cómo sus manos se enfrían entre las mías cuando trato de sostenerlas, pero siempre caen; y cada azote de sus cuerpos contra el suelo me demuestra de la forma más horrible la dureza de ésto que estamos viviendo, a lo cual nombramos realidad.
-Tranquila, que todo va a estar bien- te he dicho, pero tus llantos me rompen por dentro, la impotencia me desgarra el alma.
Madre, estoy confundido: ¿Es el hambre de mi bien, o del bien ajeno lo que carcome mis entrañas? ¿Qué es todo esto? ¿Quién soy yo? ¿Existe en la vida alguna respuesta definitiva para esas interrogantes, o es que nunca dejarán de ser más que eso?
En la micro se me cruzan de vez en cuando hombres en cuyos ojos he visto la sentencia de la muerte lenta y agónica: sin reclamos, sin objeciones posibles; su vida se mueve como un tren sobre un riel que llevara directamente al Tártaro. Es por eso que puedo decir que durante mi vida he inhalado polvo, humo y smog, pero nada tan escalofriante como el hálito a alcohol, estupefacientes y dolor acallado que emana de la boca de sus existencias a duras penas existentes.
Me entristece,
me hiere el alma chocar contra esa realidad a la que constantemente me tengo que enfrentar
Las mujeres, lo femenino, la belleza; ¿Qué hacen? ¿Se entregan al transmutado placer que la violencia de sus padres impuso en sus infancias? Sufro viendo cómo cada una de ellas ajusta cada vez más su corsé al modo que el tirano quiere. Sufro viendo cómo la delicadeza de sus cuerpos rememora esa resquebrajada infancia en cada acto sexual, martirizándose, humillándose, ofrendando sus cuerpos a todos los abusos que han sufrido, manteniendo la misma forma, pero cambiando el fondo por una delirante sátira en la que se ríen de su esclavitud, no sin acabar por hacerse más daño que beneficio.
¿Hasta qué punto no me he convertido yo también en un tirano, en un hipócrita?. Madre, estoy confundido, a mi alrededor hay tantas cosas que no sé cómo diferenciar lo que es verdad y lo que es mentira. ¿Existe algo trascendente?. Madre, cobíjame en tus brazos y muéstrame un mundo agradable, en el que no haya esta disonancia, en el que no prime esta confusión. Entrégame tierra fértil en la que pueda incrustar mis raíces, aléjame de este campo baldío, enséñame todas las palabras que describan la belleza y muéstrame el aroma del loto en flor. Quiero esperanzarme y volar, comenzar una construcción antes de resignarme a su imposibilidad, y hacerlo sin la constante certeza de que ésta se desmoronará.
Madre, estoy desamparado en este sórdido mundo. ¿A dónde me viniste a traer?
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