Si estoy condenado a la heterosexualidad, es porque necesito inevitablemente de una mujer que me acurruque todo el dolor que me contengo. No es que sea un tipo que vive sufriendo ni nada por el estilo, es sólo que el trabajo de la vida me trae cada noche agotado a casa, y es justo entonces cuando preciso de alcanzar las estrellas con el encanto de una de ellas.
No soy narcisista, ¿seré un amador empedernido?. Tanto entrego como recibo. Difícil situación la de esta loca dependencia, la magia puede resultar tan magnífica como efímera y la eternidad del amor tan paradójica con su mortalidad. Sin embargo, quizás de eso se trate: de que en el momento que sea, y cuánto sea que dure, lo importante es vivir la atemporalidad de la plenitud... eso no puede ser malo.
No queda más que aceptar la rara naturaleza que toman estos sueños hechos realidad y recordarlos con la dulce nostalgia de haber tocado un poco de cielo. Motivo más que suficiente para abrazar una vez más un nuevo día y seguir el camino de la vida.
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