"¿A quién se debiera remitir el arte? Y, además, ¿Qué es lo que concebimos como arte? Querida, ¿tienes acaso la respuesta? Tú solías abrir mis horizontes con una mirada, rescatada en mi silencio; tan embriagadora por perversa y a la vez, angelical. ¿Es eso lo que tú concibes? Permíteme indagar, si es que aún disponemos de tiempo, ya que aún no estoy listo para rogar por las respuestas.
¿Acaso fui expuesto ante una ráfaga constante que, en algún momento, me cogió exquisitamente entre sus dedos? Y es que cada vez que hago mi llamado, te apareces con esa verdad, aquella verdad más radiante que ninguna otra. Yo no haré de esta devoción un oficio. El mundo jamás se cansa de correr, en círculos, vacilante. ¿Nos queda tiempo aún, amor mío? ¿Habrá sido tu luz capaz de retener a mi vulgar locura? Invade este lugar para beber de tu dulce áurea. Juro que tomaré asiento y capturaré el pulso. ¡Lo necesito! ¡Oh sí! Tan miserable es el mundo de los hombres. ¿Qué crees? La belleza no es un ideal que puedes pudrir con tus dudas. No es el resultado de una maquinación lúgubre. Y hasta en la sombra se reproduce con más fuerza que cualquier intento de llegar a ella. ¿Deseas seguir escribiendo?
¡Ven! Aparece, muy pronto, en un soberbio salto a escena cual gorrión exiliado de las pasarelas inhóspitas. Tan piadosamente como el invierno se precipita a mis ojos. Ven al compás del mito, es decir: no abundes en aquellas brisas embusteras que acarician el desdén. Querida, es debajo de las grietas donde nuestro vergel extiende sus raíces. Y si poseer la autoría de mis perversiones no es protagonismo suficiente, reclama entonces, en tu excepcional y añorada desnudez, la asunción. Acepta este silencio. Arrímate a mis piernas con tu mueca más umbría, y divisa, en la coalición de los delirios, la breve sintonía del amor benigno. Abandónalo, apuñala y subyuga; cada vez que camines por la ciudad y te preguntes. ¿He de desmantelar un día de estos la magnánima idiotez a la que he sido expuesta, sin aviso previo ni fijación de horario? Cuando pasees por las alamedas desatrofiando la expresión de las hojas, repudiando a cada uno de los idiotas recurrentes. Cuando sientas miedo y desolación. Pero cuando llegue el momento de evanescer en mis brazos tu vieja coartada, exijo que te desates como un fabuloso relámpago purpúreo que se consagre en mi piel."
No hay comentarios:
Publicar un comentario