Me siento mal... osea me siento bien, pero no tanto; en realidad un poquito estúpido, o quizás harto estúpido. La cosa es que cada puto programa en que salen parejas me recuerda a ti, a mis rabietas de cabro chico, a tu egoísmo; y te extraño.
Te quiero aquí, conmigo. Con mis labios, con mis manos y sus caricias, con mi voz y sus palabras de amor, con mi calor; que sin ti no logra quemar mis miedos.
Me quiero contigo aquí, pero no estás. Te encuentras en el rincón de los castigados, pero por delitos leves, tales como el de cruzarse en el camino de un capricho. Entonces no estás aquí, en el lugar de los caprichosos, y por consecuencia no me quiero y me siento estúpido; pero con razón, o al menos algo de razón... quizás nada de razón, aunque puede que sí. Así es como me justifico, como me torturo, como despierto a mi odio por mí, tontamente, casi injustificadamente.
Y el poco tiempo que llevo en este lugar me tiene aburrido, asique tendré que pasar al rincón de los castigados por delitos estúpidos, tales como el de enojarme contigo, pero por favor, mañana estemos en el mismo lugar.
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