Una(s) de tantas otras focalizaciones de lo mismo

lunes, 22 de marzo de 2010

Metáfora para un Momento Perdido.-

Oscuridad. Puedo escuchar que un viento frío me susurra al oído cosas que nunca oí y que nunca he entendido. Mis manos, mi piel y mi cuerpo están apoyados en una superficie congelada y resbaladiza... hace tanto frío.
De pronto recuerdo que tengo ojos y los abro. Me encuentro con que estoy encima de un tipo de iceberg, lo único que puedo ver alrededor es un mar interminable, un cielo enojado y el iceberg en el cual estoy parado.
No hay reloj, pero a pesar de eso el tiempo pasa y poco a poco empiezo a tomar contacto con mi salvador. Es casi paradójico el hecho de que sólo pueda ver una pequeña parte de lo que me mantiene vivo... es eso y el frío del lugar lo que me consume por dentro y no pasa mucho hasta que algo más que mi vida termina dependiendo del iceberg.

Pero hace un tiempo tomé una decisión e hice una promesa. Me adentraría en las gélidas aguas que rodean mi aparentemente conocido iceberg a pesar de que en el intento se me congelen los pulmones con el agua que trague "sólo" para ver lo que realmente es aquella masa de hielo que tan poco deja ver y tanto esconde.

Hoy es el día, no sé si el temblor de mi cuerpo es por el frío o por el miedo que siento en éste momento... no me importa morir en el intento, sólo quiero conocer a lo que me ha mantenido vivo. Me he entrenado durante toda mi vida para esto; respiración, resistencia al frío y cómo hacer para llegar al fondo son algunas de las cosas que he ideado y practicado para así llegar a lo más profundo posible.
El momento es ahora, estoy en los agresivos acantilados que caracterizan tus extremos, el viento sopla más fuerte que nunca y el agua está tan descontrolada como de costumbre, sin embargo eso no es razón para dar pie atrás y me lanzo. En el aire una cantidad inimaginable de pensamientos cruzan mi mente: interrogantes y suposisiones acerca de qué habrá en lo más profundo de tu personalidad me invaden pero antes de que pueda sacar conclusiones ya estoy dentro del agua, posibilitado para encontrar las respuestas. Tomo una gran bocanada de aire y me sumerjo en el azul casi negro del mar, de inmediato hecho un vistazo a mi alrededor en busca de algun atisbo de lo desconocido pero estoy tan cerca de la superficie que te ves casi igual, por lo tanto sigo sumergiéndome.
Todo es oscuro de nuevo, pero con mis manos logro sentir la superficie de tu cuerpo, hecha de una sustancia tan suave como las nuves pero tallada en formas tan filosas como la agresiva piedra angular de los sentimientos rotos. Me pongo a pensar cómo habrá sido todo en la inocencia de tu juventud, pero no hay mucho tiempo para eso, asique a pesar de que la superficie filosa me hace daño, sigo tocándo y adentrándome en tus pensamientos... pero todo parece tan extraño.
Los vacíos que te han dejado las mordidas de lo que debería haber sido un apoyo los has resuelto llenar con líquidos congelados que no son parte de tu naturaleza, y a simple vista parecen serlo, confundiendo así a los que se quedan con primeras impresiones. Pero yo no soy de esos asique continúo nadando a lo profundo. Me sumerjo cada vez más en el agua que te rodea y me detengo por un segundo cuando de pronto veo una luz en lo más hondo del iceberg.
Mis intuiciones resultaron ser ciertas, la euforia y dicha que llenarían a un náufrago que encuentra tierra firme a lo lejos es la forma en que me siento ahora; y por lo mismo nado más rápido que nunca a lo hondo, pero ya no me queda aire suficiente y estoy entumecido por el frío del ambiente. No me importa, nado hacia la luz, que cada vez se hace más clara, como si fuera el aire que mis pulmones piden en gemidos ahogados. Nado y nado, la luz se aclara y se aclara, y... en una ínfima porción de tiempo siento como la luz me llena.
Indescriptible instante sagrado que me hace pensar, o más bien sentir que todo valió la pena. Pero el instante pasa, no me queda aire, estoy con hipotermia y el resplandor que me permitió alcanzar lo inalcanzable termina por cegarme y matarme.


Abro los ojos y estoy acostado encima de mi cama, con un sudor frío pero reconfortante en mi frente y listo para seguir madurando hasta podrirme en lo que llamamos vida, haber si luego de que muera pueda sumirme por siempre en mis sueños, encontrándote una y otra vez en éste espiral sin fin.

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