Impregnamos nuestros pulmones
con la esencia
del sabio de siete hojas
liberándose a rojo vivo.
Nos miramos, y reímos.
Nos hablamos, y reímos;
envueltos por la sobre llevadora revelación
del sentido del sinsentido de la vida,
de la gracia
y la nobleza
oculta en la simpleza
de un chiste al que nadie interesa.
Y entre miradas, palabras y risas;
encontramos algo de naturaleza
dentro de la artificialidad.
El sonido de la espuma del mar
escondido dentro de miles de caballos de fuerza,
el canto victorioso de las aguas
llegando desde las altas cumbres,
lo hallamos también,
en un río de mierda;
que conjugándose
con el canto de los pájaros,
nos transportan al futuro,
en donde queremos estar.
Y el río de la pasión y el instinto
nos lleva a nuestras bocas,
en donde queremos estar,
y las recorremos sin caprichos,
porque el tiempo es para nosotros.
Para nuestras miradas,
para nuestras palabras,
para nuestras caricias,
para nuestros labios,
para el calor de nuestros corazones
latiendo al unísono,
para sentirnos,
para amarnos,
para nosotros.
Hasta que inmersos
en la relatividad del tiempo,
hemos construido,
inconscientes, una crisálida.
La crisálida que la Tierra
invita a su interior.
Entonces nos introducimos,
nuevamente,
en el vientre de nuestra madre,
y viajamos por los recuerdos
ya olvidados
concibiendo cada etapa
como nuestro antepasado más íntimo,
cuando de pronto
encontramos la verdad
y la Tierra sonríe,
porque le contamos
que dentro de ella
también hay un Sol,
y ella nos responde
que siendo nosotros sus hijos,
brillamos por dentro
tanto como ella lo hace.
Sonreímos.
Regresamos
con los males de nuestra sangre
ya condensados,
ya listos para ser eliminados.
Los eliminamos y volvemos,
no con las manos vacías,
sino que con el líquido
que desbloquearía nuestro quinto.
Así es que bebemos
y hablamos,
nos conocemos
y valoramos.
Diciendo lo que normalmente
no diríamos.
Desenredando los nudos ciegos
que en nuestra cabeza
siempre se harman.
Recordando, compartiendo,
experiencias nuestras
y de cada uno,
nos conocemos
y valoramos.
Sabemos mejor a quién amamos
y estamos cada vez más seguros
de que es lo mejor
que pudimos haber hecho.
Para amalgamar nuestros cuerpos,
para complementar nuestros espíritus,
para dejar de lado al ego
y hablar de nosotros.
nuestra casa se merece una sonrisa
ResponderEliminarcreo que me preparo para dársela
saludos y buena luz